Los olvidados
miércoles, 17 de marzo de 2010
Estamos acostumbrados a vivir casi en directo las catástrofes. Hoy Chile; antes Haití, con más de 200.000 muertos, millones de desplazados, ciudades enteras destrozadas, un país centroamericano en la ruina y más hundido que antes del terremoto. La televisión o Internet, siempre que no confundan una tragedia por otra, nos permiten conocer desgracias ajenas. En este tipo de dramas apenas emergen los más olvidados. Una vez más, el propio terremoto ha generado nuevas personas con discapacidad, y habría que recordar que ya había discapacitados en Haití, aunque apenas tuvieran apoyos públicos y privados. Personas que se han quedado sin nada, tanto ellos como sus familiares; y aquellas organizaciones e instituciones que les podían ayudar también han padecido las consecuencias de este seísmo. Y además se unen otros elementos humanos que hacen más dura esta situación en los casos de mujeres y de niños. Un fenómeno oculto en circunstancias muy duras que condena a la desesperación a quienes realmente más lo necesitan. Por ello sería conveniente que los organismos internacionales establecieran unas pautas de comportamiento para atender a las personas que necesitan la ayuda de todo tipo de entidades para poder sobrevivir a estas catástrofes. Todo el mundo se ha acordado de los niños adoptados por familias españolas, e incluso ha habido quejas porque algunos extranjeros han intentado aprovecharse de esta situación para ?quedarse? con las más pequeños, pero apenas han salido imágenes de personas con discapacidad quienes también necesitan el amparo de los demás. Es un reto para las autoridades buscar soluciones a estas catástrofes.
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Pensiones
martes, 02 de marzo de 2010
Si usted nació en los años 60, tiene un problema. En esa época, y tras una etapa muy dura en la posguerra, el país empezó a sacar la cabeza, vino un momento de crecimiento y las familias españolas incrementaron el número de ?miembros del hogar?. Este aumento de personas, el denominado ?baby-boom español?, es el que ahora ha provocado la alerta en el Gobierno al proponer retrasar la edad de jubilación más allá de los 65 años. Y todo porque a partir del 2025 se producirá la jubilación masiva de los nacidos en los años 60. ¿Esta es una condición suficiente para retrasar el cobro de la pensión? El problema de este país es, como casi siempre, el desgaste de la clase media. Aquí los expertos están estudiando la manera de cómo contribuir más y mejor al sistema de pensiones, pero nadie piensa en aquella persona que puede llevar 40 años cotizando a la Seguridad Social, es decir, cinco años más de los reglamentarios. ¿A dónde va a parar esa aportación? Es lógico que pague más quien más gane, aunque es demasiado evidente que quienes tienen una nómina media y controlada son los que siempre soportan el sistema del Estado de bienestar. ¿Por qué no se persigue con mayor esfuerzo la economía sumergida? ¿Por qué no se reduce el fraude fiscal? ¿Por qué no se controlan mejor las bajas laborales? Todos debemos contribuir de la misma manera, en función de nuestras posibilidades. Está claro que la pirámide de población se va a invertir en los próximos años (puede llegar a haber un pensionista por cada dos trabajadores), y es lógico tener un debate porque así está ocurriendo en todos los países occidentales, pero debe ser un análisis sereno y para eso tenemos el Pacto de Toledo, una ?joya? del consenso político: discutamos el cálculo de la pensión en función de la vida laboral, las pensiones de viudedad (creadas con otros objetivos), los complementos a mínimos de las pensiones que debería pagar el Estado, el fondo de reserva, las prejubilaciones, los planes de pensiones, las diferencias entre actividades laborales (más físicas o más intelectuales), los autónomos, el papel de los sindicatos y de los empresarios? Y de la economía, claro, porque en un país con este déficit, con este desempleo cercano al 20 por ciento, con la escasa productividad? nos toca vivir una época dura en la que todos debemos arrimar el hombro. Y no vale con los de siempre. Sólo si en el empeño se implican todas las partes afectadas, incluidos los políticos y la sociedad civil, podremos mantener nuestro Estado de bienestar. Seguro que los nacidos en los años 60 se lo agradecen, y también sus hijos. Las pensiones son la consecuencia de la economía y no olvidemos que es un sistema de reparto: lo que se ingresa cada año es lo que se gasta?
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